La Sierra de Montanchez está en el corazón del triángulo de oro de tres ciudades de herencia mundial; Cáceres, Mérida y Trujillo, a 40kms de distancia de todo, así se encuentra dentro del fácil alcance de maravillosos centros históricos, tiendas, restaurantes y la variada vida cultural.
Aunque la sierra no sea un área muy extensa, sostiene una riqueza de mucho carácter, tradición e historia. Mientras hoy en día esto se ha hecho notar por la gama y la calidad de sus productos naturales, el jamón ibérico de bellota, el chocolate, caramelos cubiertos de higo, el vino de pitarra, la oveja y el queso de cabra.
La ciudad de Montanchez, dominada por su castillo Moro, está en una de las partes más altas de la sierra, con los pueblos proximos dispersados alrededor de las cuestas inferiores, pueblos con nombres maravillosamente evocadores, Arroyomolinos de Montánchez, Zarza de Montánchez, Almoharin, Albala, Alcuescar, Salvatierra de Santiago. La sierra ha sido alojada en la antiguedad por el imperio romano, Moro y la era Conquistador que han dejado abandonados todos sus rastros en la sierra. En el principio del siglo XIX durante las guerras dentro de la península había una batalla decisiva, luchada entre los ejércitos franceses y británicos/españoles sobre los llanos alrededor de Arroyomolinos, el francés fue vencido, lo cual ayudó a girar la marea de la guerra y parar la invasión napoleónica de España y Portugal.
Paseo por los siglos
La sierra tiene áreas de belleza salvaje y terrazas tranquilas llenas de arboledas oliváceas y viñedos, todo conectado por el sistema más maravilloso de caminos pavimentados en losas de granito enormes, algunos de los cuales fueron construidos por los romanos y manteniendo durante siglos el asno, el caballo y el tráfico de pie. Hoy en día los granjeros usan estas callejas para alcanzar sus tierras y en el tiempo de cosecha para traer los asnos cargados hasta la ciudad en sus propias bodegas para
hacer el vino local, pitarra, al molino oliváceo o almazara, para presionar las aceitunas y convertirlas en el buen aceite de oliva local. Como afortunados debemos haber heredado estos caminos antiguos, fascinantes que nos llevan por algúnos paisajes de la espectacular sierra del pasado y los milagros de ingenieria antigua como la maravillosa Garganta de Molinos, el Desfiladero de los molinos de agua. Es un desfiladero salvaje, escarpado, cortado en la sierra por una corriente turbulenta que da paso a cientos de primaveras. Los molinos de agua han sido construidos a lo largo de los siglos por los romanos, el diseño de una alta torre de piedra en la cual el agua cae para hacer trabajar las piedras del molino y luego sigue hacia abajo para llegar a el desfiladero del próximo molino. Es una situación única y como siempre es seguido por la calleja que sigue encima del desfiladero y todo el camino sobre la Sierra de Montánchez. Explorando la sierra no puede ser menos de notar la enorme diversidad de pájaros, un paraíso para observadores de estas aves. También la variedad de flores salvajes y árboles es excepcional y se suma a los placeres de las excursiónes o la equitación.
La ciudad de Montánchez
Montánchez es una pequeña ciudad, construida alrededor del castillo Moro y gradualmente amplianda por los siglos con muchas casas finas de los siglos XVII, XVIII y XIX, hay muchas plazas pequeñas, fuentes dentro de las calles tortuosas, la Plaza de España es el centro de la ciudad con un par de barras típicas, jamon colgando de ganchos en los techos y vino local. Hay muchas ermitas, dedicadas a santos locales cada uno teniendo su propio día especial y procesión. La iglesia de castillo es la casa de la Virgen de Montánchez, que siempre esta situada dentro del castillo durante todo el año, pero durante tres días en verano es bajada a la iglesia de la ciudad en una procesión maravillosamente atmosférica por la noche con velas y flores. Durante los tiempos han sido las fiestas mas celebradas en las plazas de la ciudad. Montánchez conserva mucha tradicion y fiestas, a menudo centradas alrededor del caballo, que se monta y nos demuestra sus habilidades cuando su dueño se disfraza con el traje típico de montar de Extremadura, con sus sillas espléndidas y bridas adornan a los caballos. Los Montanchegos trabajan muy duro, porque conocen como disfrutar de ellos y son sumamente hospitalarios, dando la bienvenida a los extranjeros.